Datos biográficos
José Calasanz nació el año 1557 en Peralta de la Sal, una población española de habla catalana situada en la región de Aragón, en las proximidades de Cataluña. Fue el séptimo y último hijo de una familia de infanzones, es decir, de miembros de la baja nobleza aragonesa. Su padre tenía una herrería y llegó a ser alcalde de Peralta. Hasta los once años,

JOSÉ CALASANZ
(1557 - 1648)
Por Josep Doménech i Mira
Artículo
publicado en la revista Perspectivas de la UNESCO Vol.XXVII, nº2, Junio 1997.
Págs. 351-363
estudió la primera enseñanza
en su pueblo y luego se trasladó a Estadilla, donde prosiguió estudios de
humanidades. En 1571 se traslada a la próxima dudad de Lleida, donde se encontraba
la universidad más prestigiosa de la antigua corona de Aragón. A ella acudían
alumnos procedentes de Cataluña, Aragón y Valencia, las tres grandes comunidades
que se integraban en la corona aragonesa. Esos alumnos, siguiendo las costumbres
medievales, se agrupaban por "naciones". Calasanz fue elegido prior de los
aragoneses. Era una primera manifestación del prestigio y de la ascendencia
moral que dimanaba de su personalidad.
En Lleida, José Calasanz estudió filosofía
y derecho. Después, siguió cursos de teología en las universidades de Valencia,
Alcalá de Henares y nuevamente en Lleida, donde obtuvo el título de doctor.
En 1583 fue ordenado sacerdote, iniciando así una carrera eclesiástica que
le llevó a ejercer diversos cargos en tierras catalanas. Durante esa etapa
de su vida, pasó algunos años en La Seu d'Urgell, población muy próxima a
la frontera francesa, que entonces resultaba muy insegura y peligrosa. En
efecto, Cataluña padecía en aquel tiempo graves problemas de bandolerismo
que se veían agravados en las zonas fronterizas por la constante penetración
de bandas de gascones y de hugonotes que surgían de los desórdenes que imperaban
en el país vecino, produciendo en territorio catalán toda clase de atropellos
y extorsiones.
A
José Calasanz le tocó vivir la inseguridad
y los peligros de aquellos tiempos acrecentados en La Seu d'Urgell por la
falta de obispo, ya que la diócesis permaneció vacante durante algún tiempo.
La falta de una autoridad fuerte, como la que ejercían entonces los obispos,
alentaba toda clase de desmanes. El cargo de secretario del Capítulo catedralicio
otorgaba a Calasanz grandes responsabilidades de gobierno que quedaron reflejadas
en diez cartas escritas al Virrey de Cataluña, en las que le pedía ayuda urgente
para resolver la angustiosa situación que se vivía en aquella comarca, donde
los bandoleros robaban, extorsionaban y asesinaban sin límites.
Su vinculación con las tierras de Lleida
se reforzó con el ejercicio de otros cargos, como el de visitador de Tremp,
población en la que había un convento de dominicos que enseñaban la lectura
y la escritura. Calasanz era entonces un hombre joven de gran estatura y de
gran fortaleza física. Esas condiciones naturales iban emparejadas con la
gran fuerza moral, intelectual y espiritual de que daría prueba durante toda
su vida. En la tenacidad con que Calasanz realizó su gran obra pedagógica
hay efectivamente algo de hercúleo, gigantesco, que sólo un hombre de sus
extraordinarias condiciones podía soportar.
La preocupación por los pobres y los desfavorecidos
ya se manifestó en sus años de juventud en España, cuando creó una fundación
en Claverol que todos los años distribuía alimentos a los pobres de aquella
localidad. Esa fundación benéfica funcionó hasta 1883, es decir, casi dos
siglos y medio. La gran preocupación social que Calasanz demostraría después
en su obra pedagógica tiene ese antecedente revelador en plena juventud.
En 1592, cuando el futuro pedagogo tenía
35 años de edad, se traslada a Roma con el afán de hacer carrera eclesiástica.
Allí residiría la mayor parte de los 56 años que aún le quedaban de vida.
Durante esa larga estancia, sin perder sus raíces hispánicas , se convertirá
en un auténtico romano, plenamente identificado con la ciudad y con el país.
En 1597, conmovido por la pobreza y la
degradación moral en la que vivían numerosos niños romanos, funda en la iglesia
de Santa Dorotea del Trastévere la primera escuela pública, popular y gratuita
de la edad moderna de Europa, la primera Escuela Pía.

la desgracia de Calasanz y la Congregación pierde categoría, hasta el punto de que su obra de tantos años se ve en peligro de hundimiento. En 1648, todavía en desgracia, muere Calasanz casi a los 91años de edad, siendo enterrado en San Pantaleón. Ocho años después de su muerte, el papa Alejandro VII rehabilita las Escuelas Pías. En 1748, la Iglesia católica beatifica a José Calasanz, que sería canonizado 19 años más tarde. Finalmente, el 13 de agosto de 1948 el papa Pío XII lo proclama patrono de las Escuelas Populares Cristianas del mundo. Actualmente, las Escuelas Pías están extendidas por numerosos países de Europa, África, América y Asia.